Julio

3:01 p.m.



Odio profundamente a Julio Cortázar, no porque no me guste su obra, sino simplemente porque no la entiendo. Porque no entiendo nada sobre estructuras radiales que pretenden encontrar el centro empezando por los contornos, porque apenas puedo definir lo que es un cronopio, porque nunca estudié la geometría esotérica, aunque me hubiese encantado hacer alarde de ello, en las reuniones sociales.
Pero hablando de odio, creo que odio más a Luisa Valenzuela, esa hermosa mujer de tez blanca, con unos rulos que dudo si son naturales o no, pelo infinitamente negro y una sabiduría increíble. 
Ella fue amiga de Cortázar, la conocí el sábado pasado y de tanto amarla la odié. Vivió diez años en Niu Iork como ella lo pronuncia y sabe hablar a la perfección el francés.
Los detesto por perfectos, pero sobre todo porque tengo mucho miedo de jugar a la rayuela y  misteriosamente llegar al infierno.

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