Quiero Olvidar

10:17 a.m.

                                           

Estoy hablando con mi mamá, la llamé yo, porque la verdad es que me da culpa no hablarle nunca. Ella es realmente buena conmigo, entonces digo: “bueno la voy a llamar” y en el momento en que me atiende, me es inevitable pensar, ¡para qué la llamé! Sus charlas son interminables, me cuenta todo, cuando digo todo, es realmente TODO.
Los lujos de detalles son sus fuertes, primero da un panorama general del tema, una aproximación de lo que me va a contar. Toma un respiro y empieza, pasa por cada una de las situaciones que la llevó a contarme eso, o lo que es peor, desgrana cada situación que ocurrió para que pase lo que me está contando. Entre medio se cuelga detallando o tratando de acordarse algún detalle mínimo que no recuerda. Como una araña que trepa sobre su tela tratando de llegar a algún lugar, ella teje su conversación sola, hilando cada uno de los recuerdos como una historia gigante. Ella es la relatora y la protagonista de su propia historia, esa que sólo ella conoce, porque ella la inventó.
A veces pienso que es su manera de sobrevivir, algunos buscamos cosas nuevas, me imagino que ella busca no olvidarse de nada, ni del más insignificante detalle. Eso la mataría, sobrevive gracias al recuerdo, el mismo que la mata cada día un poco más. El mismo que no la deja olvidar, cargar la mochila del pasado, los problemas ajenos y no olvidarse nunca pero nunca de nada, hacen que viva así, expectante, atenta, tensa, buscando cada momento para contarte aquello que la saca de la realidad. Descripciones absurdas y largas que la entretienen del infierno de su mente.

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