Me acuerdo cuando algunos compañeros de mi grado mordÃan
tanto la lapicera que el extremo del tubito quedaba impreso de mini dientitos y
baba, mucha baba. HabÃa otros que se comÃan las uñas tanto que se les veÃa la
carnecita roja, pero los que más me llamaban la atención eran los tÃmidos,
entre ellos estaba Marcela, que se hizo caca en el pupitre de madera, por miedo
o vergüenza a decir que se sentÃa descompuesta.
Nosotros vivimos extasiados el momento, no podÃamos creer
ser parte de semejante espectáculo, ahora que lo veo a la distancia, quiero
correr a darle un abrazo y rogarle que nos perdone.
Creo que la parte más dura se la llevaron los porteros que
tuvieron que limpiar la descompostura de Marcela.
Ella nunca hablaba, el menor balbuceo le provocaba un color
rojo fuerte en la cara, y eso era todo lo que era capaz de emitir.
Una sola vez gritó, fue en sexto grado, y todos se callaron
ante la sorpresa de saber que Marcela hablaba.
